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CRÓNICA VIAJE A FRANCIA   

3º ESO B  por Carlos Torices

 

                                      Viaje a París

            Todo empezó una temprana mañana, esperábamos en el aeropuerto a que llegaran todos aunque al final faltó alguno. Nos mirábamos con caras de sueño aunque sonrientes porque estábamos a punto de embarcar en uno de los viajes más bonitos que jamás hayamos hecho. Tras dos horas subimos al avión,  el trayecto se hizo ameno ya que era corto e íbamos entre amigos, al llegar cogimos el tren y tras media hora llegamos al barrio en el que se encontraba nuestro albergue. La primera cuestión que preguntamos intentando poner en práctica el francés que sabíamos, fue conocer los resultados del sorteo de Champions que al final conseguimos saber. Nos dirigimos al albergue y tras dejar las maletas tuvimos tiempo libre para comer, descansábamos sentados en unas escaleras cuando nos avisaron de nuestra primera visita, se trataba del barrio de Montmartre, un lugar lleno de cuestas y sitios mundialmente conocidos como es el caso del Moulin Rouge o la Basílica del Sagrado Corazón. Era un día soleado y hacía mucho calor, al bajar de lo alto del barrio, donde está la basílica, nos intentaron robar ya que era un lugar repleto de carteristas, pero todo quedó en una anécdota. También visitamos los lugares donde se rodó la famosa película “Amelie”, es una gran experiencia, si has visto la película previamente recuerdas las escenas a medida que ves los lugares. Volvimos al albergue a cenar, aunque no comimos mucho porque era pronto para nosotros. Al atardecer fuimos al Arco del Triunfo, subimos hasta arriba y nos impresionó porque parece más pequeño desde abajo, realmente es muy alto y está rodeado de las doce avenidas principales de Paris lo que lo convierte en la rotonda más grande del mundo. En el camino de vuelta, volvimos dando un paseo en vez de coger el metro, estábamos cansados y nos pesaban las piernas, así que tras mucho tiempo andando les pedimos a Mavi y a Gloria si podíamos coger el metro porque aún quedaba un largo camino, así lo hicimos y al llegar a nuestro lugar de hospedaje descansamos y llegó el momento que todos esperábamos, poder tumbarnos tras un largo aunque impresionante día. No hicimos demasiado ruido por la noche aunque las profesoras no se fueron a dormir por el alboroto hasta tarde.

 

            La mañana siguiente nos despertamos muy pronto, a las siete y media estábamos en pie desayunando y a las once en el Palacio de Versailles aunque nos retrasamos ya que salimos más tarde de lo previsto del albergue, pero como en España se dice, se dejan 15 minutos de cortesía. Aquel palacio alejado del centro de Paris es una gran maravilla acompañada de unos grandes jardines. Pero por dentro no le sacamos todo el partido posible ya que estamos acostumbrados a ver ese tipo de cosas, y lo vimos como un monumento más. Comimos en un McDonalds, aunque no importa en qué momento de la crónica leas esto porque comimos día y noche allí. Por la tarde fuimos al lugar que todo el mundo lo conoce como el símbolo representativo del país, la Torre Eiffel. Subimos hasta la segunda planta, algunos optaron por subir corriendo aunque acabaron muy cansados. Fue una pena el no poder subir hasta arriba del todo porque había una hora de cola y no estaban abiertas ni las taquillas. Así que bajamos y hicimos una ruta en barco por el río Sena. Era un ticket que servía para todo el resto del día por  lo que los usamos también después de cenar. Por la noche fuimos al Puente de las Artes, famoso porque mucha gente pone candados con alguna dedicatoria y después tiran las llaves al río. Era de noche y dimos un agradable paseo por la zona de Notre-Dame, ese barrio estaba animado por la noche y tenia muchos locales abiertos. Nos hicimos muchas fotos y volvimos al albergue.

 

            El día siguiente no amaneció tan despejado y caluroso como los días anteriores, el cielo nublado orvallaba durante toda la mañana. Nuestras caras de sueño representaban el poco tiempo de descanso comparado con todo lo que habíamos andado para visitar todos los puntos turísticos de la ciudad, pero estaba mereciendo totalmente la pena. Andamos un rato hasta llegar a la Ópera de París, el mejor recuerdo que nos llevamos de allí fue, aparte del gran escenario con anfiteatros, el formato de audioguía. Mavi llevaba el micrófono y todo lo que decía nosotros lo escuchábamos por los cascos, así que acabó siendo una anécdota muy graciosa, al salir Gloria nos enseñó donde estaban las Galerías Lafayette, pero estaban cerradas porque era domingo.  Nos dejaron tiempo libre y tomamos el típico crepe francés antes de ir al museo Louvre, donde estuvimos cerca de dos o tres horas viendo las obras de arte más conocidas del mundo, entre ellas la Gioconda, La Venus de Milo, o un moai de la Isla de Pascua. Al salir del museo llovía, nos fuimos al albergue a descansar y a cenar, de camino cogimos souvenirs para familiares y amigos en una zona cercana al hotel repleta de puestecitos y tiendas de recuerdos. Tras la última cena del día nos fuimos a dar una vuelta tranquila disfrutando de la ciudad de noche por un barrio cercano al albergue, por la noche estábamos tristes porque ya se acababa el viaje y era la última noche, pero de todas formas quedaba disfrutar lo que quedaba.

 

            El último día hicimos visitas por la mañana porque por la tarde cogimos el vuelo para España, nos levantamos temprano y fuimos a Notre-Dame que fue uno de los sitios que más le impresionó al grupo de todo Paris, tiene unas de las mejores vistas de toda la ciudad y está decorada con las famosas gárgolas. Subimos hasta arriba y también la visitamos por dentro. Nuestras dos últimos visitas fueron a la Sainte-Chapelle  y los Jardines de Luxemburgo, el primer de estos dos es un lugar pequeño pero muy bonito, lo que más nos impresionó fue el techo que estaba decorado de una manera muy peculiar. El cielo estaba nublado y llovía un poco pero cuando paró, fuimos a Los Jardines, que algunos estábamos muy cansados y nos quedamos sentados en un banco, pero otros fueron a visitarlos, una gran extensión de jardines cuidados y acogedores. Finalmente volvimos al albergue, cogimos las maletas, y nos montamos en el tren para ir al aeropuerto. Allí esperamos a poder embarcar, por la noche cuando llegamos, nos despedimos y todos creímos que había merecido la pena.